jueves, 29 de diciembre de 2016

El porvenir truncado del arrui

Como probablemente muchos sabréis, el arruí (Ammotragus lervia) ha sido declarado especie invasora en toda España a petición de Ecologistas en Acción y de SEO Birdlife. Esta decisión me ha dejado atónito. SEO, que observa desde hace años la expansión de muchas especies de aves africanas en España no parece que analiza el caso del arrui con la misma vara de medir. Proveniente de la misma región que esas aves y perfectamente adaptado a vivir en los ecosistemas de la región mediterránea, el arrui, como esas especies, se ve claramente beneficiado por el calentamiento global en la Península Ibérica. ¿ Qué sentido tiene considerarla invasora si ni tan siquiera está demostrado que perjudica las demás especies de caza mayor ?



Para agravar las cosas, el arruí es una especie en peligro de extinción en la región de la que proviene. Esta decisión me parece aberrante e ilógica. ¿ Porqué no considerar entonces invasoras especies como el camachuelo trompetero, el elanio azul o la perdiz moruna ? Me sorprende mucho que una institución como SEO haya caído en la trampa de acusar sin ningún fundamento una especie cuyo éxito es lógico si se examina en el contexto de los cambios actuales y a una escala más amplia que la de la Península. Por cierto, el arruí ya estuvo presente en la Península en épocas pretéritas, en las que el clima no difería mucho del actual. ¿ Qué sentido tiene erradicar el ungulado mejor adaptado a las condiciones ecológicas que prevalecen en el SE de la Península y que pronto serán las de gran parte del territorio en toda la mitad S de España ? Siguiendo la misma lógica, vuelvo a repetirlo, deberíamos impedir la expansión de todas las especies provenientes del norte de África, cosa que es ilógica si tenemos en cuenta que de aquí a finales de siglo los grandes biomas de la tierra podrían haber progresado más de 1000 km hacia el norte.

Estas son, creo yo, las principales razones por las que no tiene mucho sentido que consideremos invasora esta especie:

1. El arrui es una especie originaria del norte de África, donde vive (o vivía) en distintos ecosistemas montañosos. Entre ellos los mediterráneos. Al igual que ocurre con el macaco de Berberia, se puede pues considerar que se trata de una especie que pertenece al ámbito mediterráneo (lo es plenamente, en todo caso, la subespecie Ammotragus lervia lervia, que es la que vive en el Magreb desde Marruecos hasta Túnez).





2. Contrariamente a lo ocurrido recientemente con los bisontes en la reserva de Valdeserrillas, en la que estos animales acabaron muriéndose de hambre, el arrui ha demostrado estar perfectamente adaptado a nuestros ecosistemas. Tanto que estaban, hasta hace bien poco, en franca expansión en las mismas sierras en las que se pretendía aclimatar los bisontes. De hecho, se puede decir que la introducción del arrui en el SE de la Península ha sido un éxito rotundo y previsible diría yo visto lo expuesto en el punto 1. Pero claro, la iniciativa la tuvieron los cazadores y eso es algo que molesta mucho en un país como España, donde hemos sido capaces de emprender una campaña de erradicación del castor por haber sido introducido por grupos ecologistas extranjeros...


3. Exótica si se consideran las fronteras nacionales, pero no tanto si se consideran los límites de los ecosistemas mediterráneos, también cabe destacar que esta misma especie o su antecesor directo estuvo presente en la Península Ibérica durante el Pleistoceno. Dependiendo de la escala de tiempo a la que se examinan las cosas, se puede pues considerar que el arrui no es realmente un extraño a este lado del Mediterráneo. Además, de no haber sido por la presencia del hombre, ¿ quién puede asegurar a ciencia cierta que el arruí no hubiese logrado colonizar el sur del continente Europeo y alcanzar la Península Ibérica ? Ya lo hizo en interglaciares anteriores y lo único que ha hecho el hombre al establecer una pequeña población en el SE de la Península ha sido facilitar su “regreso”. Una exitosa experiencia de rewilding llevada a cabo décadas antes de que se empezara a hablar de restaurar las faunas extintas de la Península. Lo que realmente molesta muchos ecologistas es que esta iniciativa la tuvieran los cazadores...

4. El calentamiento acelerado que sufre el clima de la Península y la progresiva "africanización" de sus ecosistemas tendrá, si no desaparece por culpa de la ceguera de nuestra administración y de los grupos ecologistas que impulsaron la inclusión de esta especie en la lista de especies invasoras, un claro ganador: el arrui. ¿ Realmente creéis que las cabras montesas poblarán las sierras del sur de la Península cuando las temperaturas hayan subido 2 o 3 grados más ? Los dos mapas que reproduzco a continuación muestran el área de repartición actual y futura de dos especies que aparentemente poco tienen que ver una con otra: la cabra montés y el camachuelo trompetero. Os muestro el mapa correspondiente a esta especie por dos razones bien sencillas: primeramente, porque los científicos que han realizado este estudio no tuvieron en cuenta al arrui, a pesar de estar establecido en la Península Ibérica desde hace décadas, en segundo lugar porque el camachuelo trompetero es un ave que tiene un área de distribución bastante parecida a la del arrui y que proviene de la misma región del norte de África. El mapa calculado para el camachuelo trompetero es pues probablemente una buena aproximación de lo que sería el mapa calculado para el arrui, que seguramente ocuparía una mayor extensión (el camachuelo trompetero no es muy amigo de los relieves).


Lo que estos mapas nos muestran es que ambas especies no comparten los mismos ecosistemas y lo harán cada vez menos. De ser cierta esta predicción, la cabra montés desaparecerá de buena parte de la Península Ibérica, aprovechándose claramente de ello una especie como el arrui, mejor adaptada a la aridez.

5. Al incluir al arrui en la lista de especies invasoras, nos olvidamos también de algo muy importante: se trata de una especie seriamente amenazada en su lugar de origen. Zonas que igualmente sufren las consecuencias del calentamiento global además de la creciente presión de las poblaciones humanas. Por mucho que se insista en la necesidad de proteger estas especies en sus lugares de origen, no parece que esta especie tenga un futuro muy prometedor en los lugares en los que aún sobrevive. Desde ese punto de vista, comparte destino con el macaco de Berberia y con los bosques que albergan sus últimas poblaciones. 






El cedro del Atlas es un claro ejemplo de lo que se puede hacer para salvar estas especies. Descubierto a mediados del siglo XIX por los colonos franceses ha sido plantado en el sur de Francia con tanto éxito que nadie duda en ese país que el cedro se va a convertir durante este siglo en una de las esencias forestales más importante de aquel país y de buena parte de Europa, devolviendo esta especie a aquellos lugares que ocupó antes de las glaciaciones. Lo lógico, viendo cual va a ser la evolución del clima, sería que el arrui y el macaco de Berberia se asentaran también a este lado del Mediterráneo.

La conclusión a la que llego teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente es sencillísma: los grupos ecologistas que promovieron la inclusión del arrui en la lista de invasoras cometieron un gravísimo error y espero que recapaciten antes de que se complete la masacre de esta especie en nuestro país. Porque sino, dentro de unas décadas, ni habrá arruis, ni habrá cabras montesas, ni habrá nada de nada. Proteger la naturaleza no es simplemente conservarla tal como está, sino también pensar en cómo va a evolucionar. Y desde ese punto de vista, la llegada creciente de especie nuevas es inevitable. Cabría preguntarse, sea dicho de paso, si en vez de soltar en el norte de África gacelas criadas en el SE, no haríamos bien en pensar en soltar algunas de ellas en las vastas zonas de estepas que el calentamiento global irá favoreciendo en el sur de la Península...



El CSIC traslada hoy 43 gacelas de Cuvier desde Almería hasta Túnez




Bibliografía:

Araújo, M.B., Guilhaumon F., Neto D. R., Pozo, I., & Calmaestra R. (2011) Impactos, Vulnerabilidad y Adaptación al Cambio Climático de la Biodiversidad Española. 2 Fauna de Vertebrados. Dirección general de medio Natural y Política Forestal. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. Madrid, 640 páginas. Descargar

Entrevista al Dr. Jorge Cassinello, experto sobre el arruí

lunes, 12 de diciembre de 2016

La batalla de las termófilas



El territorio del antiguo imperio persa alberga aún muchas especies de fauna y de flora que estuvieron presentes en buena parte del continente europeo antes de ser eliminadas por las glaciaciones y que no tuvieron la oportunidad de regresar, ya sea por hallarse cortadas las posibles rutas que les permitirían regresar o por haberlo rendido imposible el hombre (caso del león, que aquí vemos cazando un toro en un bajo relieve de Persépolis).



El continente europeo sufrió, a consecuencia de las glaciaciones cuaternarias, una notable pérdida de biodiversidad en lo que a especies arbóreas se refiere. Muchas especies con unas exigencias térmicas poco compatibles con el deterioro climático sufrido desaparecieron casi por completo o por completo del continente europeo, sobreviviendo en refugios situados en el sureste del continente europeo y en el suroeste de Asia, en unas regiones que formaron parte, en la Antigüedad, del Imperio Persa cuando este alcanzó su apogeo.



Los cambios climáticos en curso, sin embargo, podrían favorecer su regreso y ayudar a que los bosques europeos recuperen algo de la biodiversidad que tuvieron antes de que las glaciaciones hicieran desaparecer estas especies. Algunas son comunes en nuestros parques y jardines pero otras, muy emblemáticas, tienen una escasa difusión y merecerían ser tenidas en cuenta no solamente para fines ornamentales, sino también como especies forestales en aquellas zonas en las que el clima actual y futuro pueda serles favorables. Devolver esas especies a sus antiguos dominios permitiría contrarrestar dos consecuencias nefastas del cambio climático:

1.- El decaimiento forestal propiciado por la falta de biodiversidad de nuestros bosques. En muchos lugares, el calentamiento acaecido durante el siglo XX ha sido suficiente para que algunas especies pasen de vivir en condiciones aceptables a vivir al límite de sus posibilidades. Está ocurriendo actualmente en Andalucía, donde los pinares de altitud están muriendo en algunas sierras de forma masiva debido al aumento de la temperatura y la acentuación de los periodos de sequía. Ocurre también en nuestras dehesas, siendo la encina y el alcornoque las dos especies más afectadas por este fenómeno en la Península Ibérica. Los bosques europeos están dominados por un escaso número de especies y cualquier fenómeno que afecta de manera negativa una u otra de esas especies tiene consecuencias muy visibles en la salud de los bosques que constituyen.

2.- La desaparición definitiva de las especies relictuales. Muchas de ellas, en efecto, tienen actualmente un área de distribución muy reducida. El mapa que copio más abajo, por ejemplo, muestra la repartición natural del liquidamabar oriental, una especie que estuvo distribuida en el pasado por toda la cuenca mediterránea. Propiciar el uso de esta especie a este lado del Mediterráneo estableciendo pequeñas poblaciones ex-situ permitiría reducir considerablemente el riesgo de ver esta especie desaparecer a consecuencia del cambio climático.


Distribución actual de liquidámbar oriental en el sur de Turquía y en la isla de Rodas (Grecia).


La idea de introducir especies "exóticas" puede que traiga a la memoria de muchos algunas actuaciones desafortunadas de nuestras autoridades. No se trata, sin embargo, de sustituir especies autóctonas por especies alóctonas con un fin productivista. Se trata de permitir que especies que estuvieron presentes en nuestro continente hasta unas fechas relativamente recientes (que me atrevería a calificar de "paleo-autóctonas") puedan volver a establecerse en él y contribuir a incrementar la biodiversidad de sus bosques. Se trata, al fin y al cabo, de propiciar ese relevo de faunas y de floras que ya ocurrió en los periodos interglaciares anteriores pero que hoy el hombre dificulta por el enorme impacto que sus actividades tienen sobre el medio ambiente. Si, como todo indica, la subida de las temperaturas amenaza con llevarnos de vuelta a condiciones de temperaturas más propias de inicios del Cuaternario o de finales del Terciario, ¿ porqué no imaginar que las especies que poblaban entonces nuestros bosques vuelvan de sus actuales refugios ?

 ¿ Para qué me diréis ? ¿ Qué ventajas puede tener que un bosque esté constituido por un mayor número de especies arbóreas ? Las dos grandes ventajas que le veo son las siguientes:

- En caso de que las condiciones climáticas cambien, el riesgo de que todos los árboles del bosque se vean afectadas de igual manera disminuye mucho. Las especies que no se ven afectadas contribuyen a mitigar los efectos de ese cambio, manteniendo las condiciones que permiten que otras especies más amenazadas pervivan localmente.

- La productividad del bosque aumenta sensiblemente en bosques mixtos constituidos por una mezcla de especies.

¿ Qué especies de árboles presentes en los territorios que constituían el imperio persa en su apogeo estuvieron presentes en Europa antes de glaciaciones ? A continuación haremos un pequeño repaso de las principales especies de esa región, haciendo sobre todo hincapié en aquellas especies cuya presencia en Europa durante el Pleistoceno está bien documentada.




Zelkova carpinifolia (Ulmaceae)

El género Zelkova estuvo presente en buena parte de Europa durante el Terciario y gran parte del Cuaternario. Desaparece de la Península Ibérica al mismo tiempo que Parrotia, pero permanece muchísimo más tiempo en Italia (hasta hace tan solo 32,000 años). Pequeñas poblaciones residuales han sobrevivido milagrosamente en Creta (Zelkova abelicea) y en Sicilia (Zelkova sicula) pero el estudio de los macrorestos encontrados en Italia parece indicar que la Zelkova italiana era más parecida c la especie que sobrevive hoy en día en el Cáucaso. Los restos foliares descubiertos en Cataluña guardan también mucho parecido con la especie presente hoy en día en el Cáucaso.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Parrotia persica (Hamamelidaceae)

El árbol del hierro es hoy en día un endemismo de la región que bordea el sur del Mar Caspio. Tuvo sin embargo una amplia repartición por todo el sur de Europa durante buena parte del Cuaternario. Aún estaba presente en Grecia en el último periodo interglaciar (Epiro) y se han encontrado restos atribuibles a esta especie (Parrotia cf. persica) datados de hace escasamente 1 millón de años en Italia. Desaparece de la Península Ibérica poco antes, hace aproximadamente 1,2 Ma, junto a un fornido conjunto de géneros y de especies (Araliaceae, Cathaya, Elaeagnus, Engelhardia, Eucommia, Liquidambar, Keteleeria, Nyssa, Sciadopitys, Symplocos, Parrotia, Parthenocissus, Pterocarya, Tsuga), en una época (Transición del Pleistoceno Medio) en que la intensidad y la duración de los ciclos glaciares se incrementaron. Su desaparición en el sur de Europa probablemente se deba a un aumento de las condiciones de aridez, ya que aún aparece de forma abundante en Polonia en el interglacial Mindel-Riss, junto al nogal del Cáucaso (Pterocarya fraxinifolia). Las condiciones óptimas para esta especie son unas precipitaciones de unos 1200-1300 mm anuales y una temperatura media de 14-15 grados. En la Península, tales condiciones tan solo se cumplen en zonas de montaña y en el norte.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Liquidambar orientalis (Altingiaceae)

El liquidámbar oriental es un árbol que pertenece a un género que estuvo presente en todo el Hemisferio Norte durante el terciario. A consecuencia de las glaciaciones desapareció casi por completo del continente europeo, sobreviviendo milagrosamente en las llanuras aluviales del sur de Turquía y en la isla de Rodas (Grecia). Su desaparición del resto de la cuenca mediterránea parece haber seguido más o menos las mismas pautas que las que siguió el género Parrotia, desapareciendo primeramente de la Península Ibérica en la Transición del Pleistoceno Medio, hace 1,2 millones de años. Al ser una especie que depende fundamentalmente de la presencia de un alto nivel freático, se podría imaginar su recuperación en los grandes valles aluviales y en la ribera de los ríos persistentes. Su perfecta adaptación al clima mediterráneo, incluso continental, queda perfectamente ilustrada por el magnífico resultado obtenido en el Jardín del Príncipe de Aranjuez, donde esta especie tiene probablemente su mejor representación fuera de su área de repartición natural. Cultivados en unas condiciones que se asemejan mucho a las naturraes (suelos aluviales inundables), han crecido hasta alcanzar un tamaño que probablemente no presente ni tan siquiera en su hábitat natural, donde esta especie es explotada desde tiempos inmemoriales para la obtención de la resina que produce.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Pterocarya fraxinifolia (Juglandaceae)

De todas las especies que desaparecieron a consecuencia de las glaciaciones y que perviven en la actualidad en el este del continente europeo, la pterocaria del Cáucaso fue probablemente una de las que tuvo la más amplia distribución, llegando esta especie hasta Irlanda. Se trata, como el liquidámbar o el plátano oriental, de una especie ribereña que suele formar bosques mixtos junto a otras especies. Especie termófila, su presencia en la Península se vio truncada por el endurecimiento de las condiciones climáticas en la Transición del Pleistoceno Medio.

Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Carpinus orientalis (Betulaceae)

Especie oriental cuya área de distribución se extiende por el oeste hasta el sur de Italia. Esta especie tuvo una fuerte presencia en el NE de Península Ibérica en el Plioceno terminal. Se trata de una especie termófila y xerófila propia de la vegetación submediterránea, que probablemente podría tener un área potencial bastante extensa en la Península Ibérica (a diferencia del carpe común, que tiene un un área de distribución euro-siberiana y cuya área de extensión potencial se limita al norte de la Península). En Irán, esta especie crece en regiones con precipitaciones por encima de los 575 mm anuales y una temperatura media anual de 16,2-18 grados.  Es muy probable que el polen de este género encontrado en los sedimentos lacustres de La Laguna (Tenerife) junto al de una especie no identificada del género Quercus (probablemente Q. canariensis) corresponda a esta especie.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a esta especie (estrellas azules).


Rhododendron ponticum (Ericaceae)

Aunque el ojaranzo lograra sobrevivir en la Península Ibérica en una reducidísima área de la provincia de Cádiz en algunos puntos muy localizados de Portugal, la mayor parte de su área de distribución se encuentra en la región póntica y Cólquida. Los hallazgos realizados en el arco alpino enlazan ambas poblaciones disyuntas y demuestran que esta especie tuvo un área de distribución mucho mayor que alcanzaba incluso la lejana Irlanda. Es interesante notar que esta especie se considera hoy en día, en esa misma región, como una especie invasora.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a esta especie (estrellas azules).


Gleditsia caspica (Fabaceae)

Perteneciente a un género que tenía un área de distribución continua en todo el Hemisferio Norte en el Terciario, esta especie es muy próxima a G. japonicum, de la que quedó separada por las glaciaciones. Sus poblaciones actuales están, entre otras cosas, amenazadas por la facilidad con la que se hibrida con la especie americana, muy utilizada como árbol ornamental en buena parte de Europa, donde se naturaliza con frecuencia.

Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Ostrya carpinifolia (Betulaceae)

Perteneciente a la misma familia que el carpe, esta especie originaria del E de la cuenca mediterránea no sobrevivió en la Península Ibérica a pesar de ser una especie típicamente mediterránea. Se trata de un pequeño árbol que alcanza los 15 m de altura, bastante parecido al carpe, del que difiere sobre todo por sus frutos y la nervación de sus hojas (los nervios laterales se ramifican).
   



Aesculus hippocastanum (Hippocastanaceae)

El castaño de Indias es una especie que crece actualmente en los bosques caducifolios y mixtos de las montañas del S de los Balkanes (Albania, Grecia, Macedonia y Bulgaria), entre 700 y 1830 m. Se trata de una especie mesofítica (planta que requiere condiciones intermedias de humedad, no siendo muy resistente a la sequía), que crece en valles húmedos, barrancos y cabeceras de ríos, donde convive con especies de géneros como Fagus, Juglans, Alnus, Acer, Fraxinus, Tilia, Corylus y Cornus. Tuvo a finales del Terciario y durante buena parte del Pleistoceno un área de repartición mucho más amplia. No se conocía su presencia en la Península Ibérica hasta que se encontraran restos de madera pertenecientes a esta especie en sedimentos datados de la transición Pleistoceno inferior-Pelistoceno medio de la localidad de Cal Guardiola (Tarrasa, Barcelona). O sea hace más o menos un millón de años. No es de extrañar, conociendo sus afinidades ecológicas, que tenga tendencia a naturalizarse en puntos del norte de la Península Ibérica en los que probablemente ya estuvo presente antes de las glaciaciones.

Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a esta especie(estrellas azules).


Syringa vulgaris (Oleaceae)


Aún presente en el Pleistoceno superior en Cataluña, la persistencia del lilo en esta región demuestra claramente el papel de refugio que desempeñó durante los máximos glaciales del Cuaternario, también evidenciado por la persistencia en esta región de especies como el quejigo andaluz (Quercus canariensis), a una distancia considerable de sus poblaciones más cercanas. El lilo es originario del SE de Europa (N de Rumanía, C de Albania y NE de Grecia) pero se ha asilvestrado en muchos lugares, cosa que no es de extrañar considerando su pasado.

   



Albizia julibrissim (Fabaceae)

El árbol de la seda es una especie ornamental muy popular en la región mediterránea. Sus dos poblaciones naturales estàn situadas a casi 6000 kilómetros una de la otra. La especie, en efecto, sobrevivió en el sur del Mar Caspio pero la segunda población se encuentra en el lejano oriente, en una zona que cubre parte de China, Corea y Japón. Aunque es probable que este género haya estado presente en Europa, no hay constancia de ello hasta la fecha (que yo sepa). Se trata de una especie que resiste bastante bien la sequía y que no sería sorprendente ver naturalizarse en algún que otro punto de la Península Ibérica. Observé un ejemplar subespontáneo en Moncofar (Castellón) el pasado verano y no me sorprendería que apareciesen más en el futuro.


Distribución actual (rojo)


Disopyros lotus (Ebenaceae)

Especie con un área de distribución disyunta, con tres poblaciones aisladas unas de otras: China, Asia Central y el Cáucaso. Es muy probable que esta especie o su antecesor directo estuviese presente en Europa, por mucho de que escaseen las evidencias. Es interesante notar que esta especie tiende actualmente a naturalizarse en algunos puntos de la Península.



En una próxima entrada os hablaré de las especies y géneros que estuvieron presentes en la Península Ibérica durante el Cuaternario pero que hoy hay que ir a buscar mucho más lejos, en el este de Asia o en Norteamérica. Os sorprenderá saber que algunas especies endémicas de China tuvieron en el pasado una extensión mucho más amplia. De alguna de ella ya hablamos en este blog: el ailanto, en efecto, es una de ellas y no ha esperado a que yo escribiera estas líneas para efectuar un exitoso regreso. Esto nos llevará a plantearnos la gran pregunta: ¿ debemos actuar y ayudar estas especies a “reconquistar” sus antiguos dominios ? Por las razones expuestas anteriormente, yo creo que sí que deberíamos dar a esas especies el pequeño empujoncito que necesitan para, al menos, poder vencer los obstáculos insalvables que el hombre y la naturaleza han puesto en su camino.

sábado, 24 de septiembre de 2016

¿ Los biomas del Plioceno espejo del futuro ?



Reproduzco aquí un mapa que muestra una reconstrucción de los biomas existentes al principio del Plioceno en el oeste de la cuenca mediterránea, construido en base a lo que se sabe de la vegetación de aquella época. Os dejo la referencia en los comentarios (1). ¿ Porqué es interesante este mapa ? Sencillamente porque las condiciones climáticas del Plioceno son aquellas hacia las que vamos progresivamente debido al actual calentamiento del clima. Y las alcanzaremos aunque dejemos ya de emitir carbono en la atmósfera, sea dicho de paso.

El pasado tiene por lo tanto mucho que aprendernos de lo que probablemente ocurrirá en el futuro. ¿ Qué nos muestra pues este mapa ? En lo fundamental, se puede ver que la dicotomía que existe entre la España seca y la España húmeda seguirá existiendo. La diferencia fundamental es que al ser más elevadas la temperaturas, la vegetación de ambas zonas será diferente. En la España húmeda predominaban en aquella época los bosques de perennifolios de hoja ancha. O sea, dicho de otro modo, las laurisilvas. ¿ Cuál es el problema evidente en la situación actual ? Pues sencillamante que buena parte de esas especies ya no existen en el continente europeo...

La expansión en las últimas décadas de especies perennifolias como el laurel cerezo o la palmera de Fortune en los bosques centroeuropeos o del ojaranzo en Gran Bretaña y en algunas zonas aledañas demuestra claramente que algo está cambiando. Estas especies se ven claramente favorecidas por el cambio climático y gozan de una clara ventaja sobre las especies de la laurislva canaria: ¡ ya están presentes en Europa, cultivadas como ornamentales ! Su expansión era pues prácticamente inevitable.



Ojaranzos en el sotobosque de un bosque búlgaro (donde es autóctona). Las condiciones climáticas en el centro de Europa son cada vez más parecidas a las que prevalecen en los bosques  la región Póntica-Euxínica y del Cáucaso, favoreciendo el regreso de especies perennifolias como el ojaranzo (Rhododendron ponticum) y el laurel cerezo (Prunus laurocerasus).



Tiempo es, precisamente, de lo que no disponen muchas especies para efectuar su regreso al continente. La colonización de las islas macaronésicas por las especies de la actual laurislva fue un fenómeno muy progresivo. Dispusieron de miles o de cientos de miles de años para alcanzar esas islas. Aunque la probabilidad de que alguna semilla sea transportada del continente a esas islas es muy baja, bastó con que unas cuantas semillas alcanzaran ocasionalmente las islas durante ese tiempo relativamente largo para que se constituyesen las laurisilvas. Que ocurra ahora lo mismo en sentido contrario en un tiempo muy breve (un siglo apenas) es, sin embargo, prácticamente imposible.

Tal como hemos visto al evocar la tendencia expansiva que muestran en Europa Central las especies perennifolias introducidas como ornamentales, tal regreso tan solo podría hacerse con la ayuda del hombre. Y aquí es donde nos damos de bruces con los tabúes inducidos por nuestras creencias medioambientales. Aunque algunas especies de la laurisiliva ya podrían encontrar condiciones favorables a su desarrollo en algunos puntos del continente, tal como demuestra la presencia de majestuosos ejemplares de viñátigos y de tiles en algunos parques de Portugal, no dejan de ser, a ojos de los naturalistas más puristas, especies "exóticas". 


 
Frutos del viñátigo (Persea indica), especie.que junto al til (Ocotea foetens) tiene tendencia a naturalizarse en la Serra de Sintra (Portugal), a partir de los ejemplares cultivados en el Parque da Pena. De hecho, se les considera invasoras en ese parque (2). Fotografía: J. Damián Esquivel Díaz / Mediateca del Gobierno de Canarias.



Ese rechazo de los naturalistas a la introducción de cualquier especie exótica, exacerbada en nuestro país por los abusos que se han cometido para favorecer el cultivo de algunas especies foráneas para la producción de madera, explica probablemente que en nuestro país seamos reacios a introducir cualquier especie que no sea autóctona. El tiempo, sin embargo, va pasando irremediablemente y los efectos del calentamiento global se van haciendo cada vez más evidentes. Vamos descubriendo que nuestros bosques son mucho más frágiles de lo que parecía y situaciones como la de la Sierra de Baza nos muestran muy claramente cual es el talón de aquiles de nuestros bosques: la mayoría de ellos está dominado por muy pocas especies, generalmente una única especie. Nuestros bosques, en efecto, son pinares, encinares, melojares, hayedos, etc. Cuando cambian las condiciones medioambientales, no desaparece una especie, desaparece todo el bosque.

La posbilidad de que vuelvan al continente en que nacieron las especies que pueblan hoy en día las laurisilvas de las islas macaronésicas es, por ahora, tan solo eso: una posibilidad. Sabemos, viendo como fueron los ecosistemas en el pasado, que la evolución del clima favorece estas especies. También sabemos que solas no volverán y que necesitan del hombre para alcanzar las regiones del continente que les son más favorables. La pregunta, pues, esta lanzada: ¿ debemnos intervenir ? En la España actual la pregunta ya tiene respuesta: no. Ni los ecologistas ni las administraciones tolerarán que se introduzcan, por activa o por pasiva, especies exóticas. En otros países en cambio, parece que las mentalidades son más abiertas. Vuelvo a mencionar aquí el caso del cedro del Atlas, introducido en Francia en el siglo XIX y que los franceses consideran como una de las especies más prometedoras de cara al cambio climático. En España se plantó en algunos lugares pero no pasó de ser un simple experimento. Ironía del destino, parece que los cedros plantados en la Sierra de Baza se portan bien...


Bosquete de pinos resineros (Pinus pinaster), de gran porte, secos y afectados por insectos perforadores en el Monte de Los Frailes. Fotografía: Boletín Digital Sierra de Baza.



En cuanto a la España seca, me temo que las noticias son bastante peores. La vegetación era mucho más abierta en aquella época. En muchos lugares de nuestras mesetas predominaba una vegetación abierta en las que la única vegetación arbórea eran leguminosas (tipo acacias). Aquí también nos encontramos con que tal vez muchas de esas especies (mal conocidas) han desaparecido. Si os fijáis en el mapa, en el SE predominaban condiciones desérticas. O sea, que parece que se van a acentuar aún más las diferencias entre esas dos Españas climáticas..



(1) Fauquette S. et al. (1999) / Climate and biomes in the West Mediterranean area during the Pliocene / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, vol. 152, pp. 15–36.

(2) Alves J. et al. (2002) / Infestantes ambientais no Parque da Pena (Sintra) / Anais do Instituto Superior de Agronomia


martes, 23 de agosto de 2016

Sueño pliocénico

Esta primavera, las abundantes lluvias de los últimos días y el deshielo en la sierra han hecho aumentar el caudal del río hasta un nivel que no se veía desde hace bastantes años. Curioso por ver el aspecto que luce actualmente el pequeño bosque que plantó mi bisabuelo a principios del pasado siglo, me acerqué hasta el antiguo puente del ferrocarril, renovado recientemente tras una lamentable sucesión de accidentes. El río estaba totalmente desbordado y se dividía en varios brazos que aislaban pequeñas islas colonizadas por pequeños ahuehuetes de segunda generación. Parece mentira que en poco más de un siglo los ahuehuetes plantados en esta zona se hayan reproducido y empezado a colonizar zonas más apartadas de la ribera del río. Aún cubiertos de hojas, destacan a primera vista entre los árboles desnudos que conforman este peculiar bosque que el río ha anegado.




Mi pobre bisabuelo se quedaría con la boca abierta viendo el desarrollo que han alcanzado muchos de estos árboles. Los estoraques y los tupelos, actualmente con los pies en el agua, ocupan junto a los ahuehuetes las zonas más cercanas al río, a menudo inundadas en primavera. En zonas algo más altas y alejadas de la orilla del río, las pacanas y los plátanos alcanzan ya un tamaño comparable al de los álamos más viejos del lugar. También siguen vivas las zelkovas y los ginkgos, que han demostrado que pueden crecer en condiciones naturales fuera de los parques de nuestra ciudad.

Contemplando este bosquecillo, me quedé un largo rato pensando en lo difícil que le resultó convencer a sus coetáneos de principios del siglo XXI de la necesidad de adaptarse a los cambios que se avecinaban. Hoy este bosquecillo destaca sobremanera a orillas del Jarama, habiendo despertado desde hace tiempo el interés de otros municipios que veían con inquietud la vegetación de sus territorios sufriendo los efectos del espectacular aumento de temperaturas vivido durante el pasado siglo. Hoy a casi nadie se le escapa la necesidad de adaptarse al clima actual de nuestra región, tan diferente del que imperaba en tiempos de mi bisabuelo.

Leí hace poco que el clima actual se parece mucho al del Plioceno. No es de extrañar, en estas condiciones, aprender que los primeros ensayos llevados a cabo en el oeste de Francia con tilos y barbusanos hayan sido todo un éxito. Me da un poco de rabia constatar que más de un siglo más tarde otra vez se nos han adelantado los franceses. Ya tenían extensos bosques de cedros cuando nosotros apenas nos atrevíamos a plantar cedros y pinsapos en nuestras sierras. Resulta ahora que ya tienen laurislivas constituyéndose en distintos puntos de la fachada atlántica. En fín, como se solía decir en tiempos de mi bisabuelo, Spain is different...

No resisto la tentación, para cerrar esta brevísima nota, de reproducir a continuación la lista original de las especie que mi bisabuelo incluyó en su (para aquella época) revolucionario proyecto...



CANDIDATAS PARA LA CREACIÓN DE UN "PARQUE PLIOCENICO"


Carya illionensis

Se trata de una especie ribereña con una amplia área de repartición en Norteamérica. Al igual que el ahueheute, se desarrolla perfectamente en nuestro clima, alcanzando algunos ejemplares del Jardín del Príncipe de Aranjuez un tamaño espectacular.

Taxodium mucronatum

El "ahuehuete" es un árbol ribereño que se desarrolla perfectamente en nuestro clima. A diferencia del ciprés de los pantanos, que crece en las llanuras costeras del sur de los Estados Unidos, este ciprés alcanza altitudes importantes en el centro de México. Los espectaculares ejemplares del "Jardín del Príncipe" en Aranjuez dan buena fe de su perfecta adapatación a nuestro clima.

Liquidambar orientalis

El "estoraque" es un árbol que sobrevivió a las glaciaciones en algunas llanuras aluviales del S de Turquía, donde su explotación ha llevado esta especie a una situación muy precaria durante el siglo XX. Este árbol estuvo presente en toda la cuenca mediterránea antes de las glaciaciones y el establecimiento de una pequeña población ex-situ en la Península Ibérica contribuiría a asegurar la supervivencia de esta especie frente a los peligros que la amenazan. Se cultiva en los Jardines del Príncipe de Aranjuez desde el siglo XVII, siendo los ejemplares allí presentes probablemente los más altos de su especie.

Pterocarya fraxinifolia

Árbol presente en prácticamente toda europa antes de las glaciaciones, tan solo pudo sobrevivir en los refugios del E del Mar Negro y del S del Mar Caspio. Especie ribereña amenazada en su área de repartición actual cuyo "regreso" contribuiría a asegurar su supervivencia a largo plazo.

Nyssa sylvatica

Especie con una amplia distribución en Norteamérica. Aunque hubo varias especies de este género en Europa, no parecen apropiadas las especies más estrictamente acuáticas, que se desarrollan en terrenos pantanosos llanos. En este bosque de ribera la inclusión de esta especie selvática parece la mejor opción.

Platanus orientalis

Aunque el plátano se cultiva ampliamente en nuestras ciudades, me parece interesante incluir en este proyecto la especie realmente originaria de nuestro continente, que estuvo presente en toda la cuenca mediterránea hasta el último interglaciar.

A estas especies se podrían añadir algunas otras especies que, sin ser especies ripícolas, encontraron refugio durante el Plioceno en estas zonas que les aseguraraban los suficientes recursos en agua para sobrevivir en un entorno poco adaptado a sus necesidades:

Ginkgo biloba

Especie relictual que tan solo sobrevivió a las glaciaciones en contadas localidades del SE de China. Especie propia de bosques templados húmedos, sobrevivió hasta el Plioceno en el sur de Europa, en zonas de ribera.

Zelkova carpinifolia

Especie común en los bosques montanos del Cáucaso y de la vertiente norte de las montañas del Albroz (S del Mar Caspio), fue una especie común en los bosque decíduos europeos hasta el Plioceno. Sobrevivió en la Península Itálica hasta una fecha muy reciente (33.000 años). Como el ginkgo, parece que sobrevivió algún tiempo en los bosques de ribera y aluviales del S de Europa.




Actualización 23/11/2016

La realización de este proyecto sigue su curso. De momento me estoy centrando en conseguir semillas de estas especies. Mi última visita del Jardín del Príncipe me permitió recoger unas cuantas nueces de pacanero y varios conos de ahuehuete, que conservo sobre la terraza. Esos conos se han disgregado por completo al cabo de unos días y han liberado unas semillas que tienen muy buena pinta. Ojalá logre hacerlas germinar la próxima primavera.

viernes, 22 de julio de 2016

Operación estoraque

Llevo algún tiempo dándole vueltas a una idea que probablemente me vaya a costar mucho esfuerzo (y disgustos) llevar a cabo. Como bien sabéis, muchas especies desaparecieron de la Península Ibérica y del continente europeo por causa de la glaciaciones. Algunas desaparecieron por completo. Otras sobrevivieron milagrosamente en algunos refugios orientales. El árbol del estoraque o liquidámbar oriental (Liquidambar orientalis) es una de esas especies. Sobrevive en algunos puntos del S de Turquía y en la isla de Rodas y está catalogada como "vulnerable" por la IUCN. Pues nada, se me ha metido entre ceja y ceja la idea de cultivar esta especie a partir de semillas para su posterior difusión en lugares que le sean propicios y así constituir una o varias pequeñas poblaciones ex-situ a este lado del Mediterráneo...

Suena un poco ambicioso, lo sé, y de momento mi principal "problema" es el de conseguir semillas. No quiero comprar árboles ya creciditos para evitar que todos sean clones propagados por vía vegetativa. Al sembrar semillas al menos me aseguro de que cada individuo sea único y que haya cierta variabilidad genética entre los árboles que pretendo plantar. Ahora bien... ¿ Dónde conseguir semillas ? Nadie parece tener semillas de esta especie. He pasado horas buscando tiendas especializadas en la venta de semillas y no he encontrado a ninguna que venda semillas de este árbol. Aún me falta investigar del lado de Italia pero parece que la única manera de conseguirlas es ir a por ellas.

Por suerte parece que hay buenos ejemplares de esta especie en Aranjuez. La operación estoraque empezará pues con una visita a los Jardines del Príncipe y de la Isla para asegurarme de que los árboles presentes allá realmente corresponden a esa especie. Aunque algunas personas lo afirman muy categóricamente, prefiero verificarlo. Mi última visita al Real Jardín Botánico de Madrid me dejó muy confuso. Si bien los liquidámbares americanos que vi allá son muy reconocibles, uno de ellos tenía hojas muy parecidas a las d la especie oriental. Tendré pues que asegurarme de que realmente son liquidámbares orientales los que se cultivan en Aranjuez. Para ello tendré que ver los frutos y verificar que su morfología y dimensiones realmente cuadran con lo que sabemos de los frutos de esta especie. De confirmarse, más adelante (noviembre) trataré de recoger semillas cuando se abran los frutos (ya me veo yo de rodillas por el suelo bajo esos enormes árboles, sin encontrar nada). Tan solo entonces podrá empezar la siguiente fase (cultivo). Estas son las principales diferencias entre ambas especies:





Según me cuenta Isaac Solano Martín en la página de Facebook de este blog (http://www.facebook.com/yurakuna.es), la germinación de las semillas del árbol del estoraque es relativamente fácil, aunque los árboles plantados no han aguantado más de dos años en macetas. A continuación reproduzco las fotografías que me ha enviado de las semillas y de un joven ejemplar. Como se puede ver, las hojas se parecen bastante a las del estoraque. Las semillas, por otro lado, parecen bastante pequeñas y tienen un ala muy corta, que no llega ni a la mitad de la longitud de la semilla. Así que todo apunta, efectivamente, a que estamos en presencia de la especie oriental, tal como afirma Pico Tajo con toda razón.







Pues nada, ya tan solo me queda organizarme un poco e intentar sacar adelante este proyecto que me gustaría poder llevar a cabo sin levantar ampollas. Mi idea, en efecto, es plantar estos árboles a orillas del Jarama en un tramo que me parece muy propicio para ello pero para lograrlo tendré que vencer muchas reticencias. Más adelante mi ambición sería la de convertir ese lugar en una especie de parque Pleistoceno y de reconstituir allí un pequeño bosque de aquella época con la mayoría de las especies que poblaban entonces estos ecosistemas (eso también incluye las actuales). Otras especies que podrían acompañar al estoraque serían por ejemplo el plátano oriental o el nogal del Cáucaso, cuyas semillas son mucho más fáciles de conseguir.

Os mantendré informados...




Actualización 02/11/2016

Queda definitivamente confirmada la identidad de los liquidámabres del Jardín del Príncipe de Aranjuez. Un paseíto ayer por ese parque ha servido para dispar las últimas dudas que podía tener. Como podéis ver en las fotografías a continuación, las hojas presentan la forma típica de las hojas de esta especie y las infrutescencias son mucho más pequeñas que las de la especie americana:


Liquidambar styracifluaLiquidambar orientalis


Liquidambar styracifluaLiquidambar orientalis


jueves, 23 de junio de 2016

Refugios glaciares (I): la costa sur del mar Caspio

He mencionado, en muchos artículos de este blog, los tremendos efectos que tuvieron en la vegetación europea las glaciaciones cuaternarias. Un sinfín de especies y de géneros desaparecieron, en efecto, del continente europeo durante el Cuaternario. Algunos géneros se extinguieron para siempre. Otros mantuvieron pequeñas poblaciones en zonas en las que el clima sufrió variaciones menos intensas (refugios). Otros, por fin, desaparecieron pero sobreviven en otras zonas templadas del Hemisferio Norte (Asia oriental y/o Norteamérica). Varias regiones del continente europeo o de las regiones aledañas sirvieron de zonas refugio durante los periodos más fríos del Cuaternario, siendo las tres grandes penínsulas del sur (ibérica, itálica y balcánica) y la región del Cáucaso las zonas en las que pervivieron las especies que posteriormente recolonizaron el continente europeo.





Bosque en la región de Behshahr (Mazandaran)
En esta serie de artículos que inicio hoy, iremos poco a poco descubriendo los principales refugios en los que lograron sobrevivir las especies que poblaron el continente europeo antes de que las glaciaciones hicieran desaparecer buena parte de ellas.

Hoy os propongo descubrir una región que   muy poca gente conoce y que fue, durante las glaciaciones, un importante refugio para la flora terciaria: la costa sur del Mar Caspio. En esta región se alza un importante sistema montañoso - el Elbruz - que corre paralelo a la línea de costa. La vertiente norte de ese sistema montañoso goza de un clima templado y recibe unas precipitaciones que llegan a superar los 2000 mm.





Esta franja de tierra húmeda que se extiende a lo largo de la costa sur del Mar Caspio constituye la ecoregión de los "Bosques Mixtos Hircanos del Caspio". El clima es subtropical húmedo a nivel del mar, oceánico en altitudes medias y continental húmedo en las zonas más elevadas.




   Estepa arbórea
   Bosque
   Semi-desierto
   Llanuras desérticas
   Estepa
   Pantanos aluviales salobres


La vegetación de esta región es predominantemente arbórea, dominada en su gran mayoría por especies caducifolias de hoja ancha. Una de las características más llamativa de la vegetación de esta región es la casi total ausencia de coníferas en los pisos de vegetación más altos, en los que el clima es progresivamente más xérico.



Llanuras litorales

La vegetación natural ha desaparecido casi por completo debido a la urbanización y a las actividades agrícolas. Estaba constituida por bosques de roble de hojas de castaño (Quercus castaneifolia), aliso común (Alnus glutinosa subsp. barbata), boj (Buxus sempervirens), chopo caspio (Populus caspica), aliso caspio (Alnus subcordata) y pterocaria del Cáucaso (Pterocarya fraxinifolia).



Bosques colinos a montanos de robles y de carpes (< 700 m)

Ocupan las laderas basales del Elbruz y del Talish (Azerbayán) por debajo de 700 m. Estos bosques están constutidos por una mezcla de especies como el roble de hojas de castaño (Quercus castaneifolia), el carpe (Carpinus betulus), el Árbol del Hierro (Parrotia persica), el olmo del Cáucaso (Zelkova carpinifolia), el caquí de Italia (Diospyros lotus), el arce (Acer velutinum), la gleditsia del Caspio (Gleditisia caspica) y el árbol de la seda (Albizia julibrissin) en lugares algo más secos.



Carretera de Karaj a Chaloos en otoño (Mazandaran)



Bosques montanos de haya (700-1,500 m)

En esta zona nubosa domina el haya oriental (Fagus orientalis), formando masas puras o en mezcla con especies como el roble de hojas de castaño (Quercus castaneifolia), el roble del Cáucaso (Quercus macranthera), el carpe europeo (Carpinus betulus), el carpe oriental (Carpinus orientalis) y el castaño (Castanea sativa). En las partes más bajas, estos bosques albergan muchas especies perennifolias (Buxus hyrcana, Ilex spinigera, Ruscus hyrcanus, Danaé racemosa, Hedera pastuchowii) que ya no aparecen las partes más altas.




Hayedo en la provincia de Mazandaran



Bosques altimontanos de roble (> 1500 m)

En las zonas más altas dominan el roble del Cáucaso (Quercus macranthera) y el carpe oriental (Carpinus orientalis), en condiciones más xerofiticas, al estar situados estos bosques por encima de la zona de condensación de las nubes.




Muchos de estos géneros y especies tuvieron en el Terciario y durante buena parte del Cuaternario un área de distribución mucho más amplia. Para acabar esta pequeña visita virtual a nuestro primer refugio glacial, describiremos a continuación las especies presentes actualmente en esta región de cuya presencia se tiene constancia en el sur de Europa antes de las glaciaciones...




Parrotia persica

Endemismo de esta ecoregión de los "Bosques Mixtos Hircanos del Caspio", el árbol del hierro fue un árbol bastante común en el sur de Europa, de donde probablemente desapareció tanto debido a la deterioraciíón de las condiciones climáticas como a la progresiva aridización del clima en la cuenca mediterránea. Como otros muchos taxones propios de climas tempaldos cálidos (Keteleeria, Cathaya, Tsuga, Symplocos, Nyssa, Parthenocissus, Parrotia, Pterocarya, Engelhardia, Eucommia, Zelkova, Liquidambar), desapareció de la Península Ibérica tras el interglaciar waaliense, hace aproximadamente 1,2 millones de años.

Zelkova carpinifolia

El género Zelkova estuvo presente en buena parte de Europa durante el Terciario y gran parte del Cuaternario. Desaparece de la Península Ibérica al mismo tiempo que Parrotia, pero permanece muchísimo más tiempo en Italia (hasta hace tan solo 32,000 años). Pequeñas poblaciones residuales han sobrevivido milagrosamente en Creta (Zelkova abelicea) y en Sicilia (Zelkova sicula) pero el estudio de los macrorestos encontrados en Italia parece indicar, sin embargo, que la Zelkova italiana era más parecida a la especie que sobrevive hoy en día en el Cáucaso.

Pterocarya fraxinifolia

Esta especie o su directo antecesor tuvo un área de repartición mucho más amplia en Europa antes de las glaciaciones. Desaparece de la Península Ibérica al mismo tiempo que Parrotia.

Fagus orientalis

El haya oriental tiene un área de distribución que alcanza el este de Europa, siendo un elemento típico de los bosques de los Balcanes orientales. Basándose en el análisis genético de pólenes de hace 45,000 años de la región de Venecia, pudo demostrarse que esta especie se extendió mucho más hacia el oeste en un pasado relativamente reciente (último interglaciar). No hay constancia, sin embargo, de que alcanzara la Península Ibérica.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Todo cambia

Ante los peligros que amenazan la supervivencia de muchas especies, la inmensa mayoría de los jardines botánicos se ha movilizado para intentar salvar las plantas más amenazadas por la subida de las temperaturas, la pérdida de hábitat, la sobreexplotación, etc. Para ello, muchas instituciones están constituyendo bancos de semillas que, en teoría, estaban pensados para recuperar especies amenazadas cultivándolas ex-situ para luego reintroducirlas en su medio natural. Con la aceleración del calentamiento global, el problema se está complicando sobremanera, ya que no solamente resulta complicado obtener un stock viable de semillas, sino que podrían también desaparecer los ecosistemas en los que teóricamente se deberían reintroducir esas especies.



Banco de semillas del Millenium Seed Bank del Real Jardín Botánico de Kew, el más grande del mundo en la actualidad.



Para muchas especies, el cultivo ex-situ se realiza en los propios jardines botánicos o en instalaciones dependientes de ellos. Para mantener una pequeña población viable ex-situ, es necesario cultivar un cierto número de ejemplares, que permita mantener una buena variabilidad genética. Si, para especies herbáceas y arbustivas, resulta factible en instalaciones de un tamaño relativamente reducido, resulta mucho más difícil conseguirlo en el caso de especies arbóreas. Pongamos un ejemplo muy llamativo y cercano: como muchos de vosotros probablemente sabéis, el árbol más alto del Real Jardín Botánico de Madrid es una "zelkova del Cáucaso" (Zelkova carpinifolia), una especie que la IUCN cataloga como "casi amenazada". ¿ Cuántos ejemplares hay en el Real Jardín Botánico de Madrid ? Dos. Claramente, no se puede considerar que se esté cultivando "ex-situ" en el Real Jardín Botánico. Aún queriendo, está claro que resultaría un tanto difícil lograrlo visto el tamaño que alcanza este árbol y otras especies de las que resultaría interesante mantener un stock mínimo de ejemplares. ¿ Realmente no hay soluciones ?

Se me ocurren al menos dos ideas. La primera es obvia echando una ojeadita al mapa de Madrid. Todos probablemente sabéis que el Real Jardín Botánico de Madrid se encuentra a muy poca distancia del Parque del Retiro y, si habéis tenido ocasión de daros un paseíto por la zona oeste de ese parque, probablemente os habreis quedado sorprendidos por el aspecto tan selvático que presenta en esa zona. Una zona en la que a veces se pueden observar pequeños castaños de Indias nacidos de semilla. ¿ Porqué no imaginar una colaboración de los Jardines Botánicos con los grandes parques de nuestras ciudades ? Zelkovas del Cáucaso, liquidámbares orientales y otras especies amenazadas seguramente encontrarían aquí optimas condiciones para su desarrollo. En una visita reciente al Jardín del Príncipe en Aranjuez, he tenido la ocasión de ver el tamaño que alcanzan algunas especies que se cultivan en él y me parece realmente muy llamativo que los liquidámbares orientales (Liquidambar orientalis) cultivados en ese parque sean tal vez los mayores ejemplares existentes de esta especie.




Bosque de cedros en las faldas del Mont Ventoux (Francia), donde esta especie se ha aclimatado perfectamente y ha contribuido a regenerar el bosque de una manera espectacular.



La segunda idea resultará mucho más difícil de aceptar y nos retrotrae a tiempos en los que nuestros ingenieros forestales no dudaron en llevar a cabo algunas experiencias que hoy en día resultan inaceptables para una gran mayoría de personas. Sin embargo, a pesar de las barbaridades que se cometieron, no todo fue tan negativo y nos sirve para ir pensando en qué habremos de hacer del cara al futuro. Se nos avecina una auténtica catástrofe y la solución para muchas especies amenazadas solo puede ser la de "encontrarles" un nuevo hábitat. He hablado mucho, en este blog, del Cedro del Atlas y del pinsapo, dos epecies que han sido ignoradas en este país y que podrían haber sido utilizadas mucho más extensamente. Una situación que contrasta con la de Francia, donde existen varios extensos bosques de cedros en los que esta especie presenta un crecimiento superior al que tiene en su lugar de origen. La traslocación de algunas especies a distancias muchas veces considerables probablemente sea la única posibilidad que tendremos de salvar a muchas especies. Desde este punto de vista, tener en cuenta el pasado me parece que cobra mucho sentido y no deberíamos ser tan reacios a imaginar el regreso de especies que estuvieron presentes en el pasado y que tienen hoy un área de distribución muy reducida que podría poner en peligro su supervivencia.



Hoja fósil de Liquidambar, del Plioceno de Italia (Museo Paleontologico de Asti).



Pues nada, vayan pensándolo tranquilamente y pregúntense qué sentido y qué significado tienen términos como "autóctono" y "alóctono" en un mundo que cambia a toda velocidad. La vegetación "potencial" que nos empeñamos en preservar y en restaurar puede que ya no sea, en realidad, la que nos imaginamos. De hecho, buena parte de nuestros bosques autóctonos sufren desde hace unas décadas un proceso de "decaimiento" que los ingenieros forestales atribuyen sin lugar a dudas al calentamiento global. No por nada arden los bosques gallegos con tanta facilidad. No por nada prosperan las acacias en esas superficies quemadas. Los gallegos no se han convertido de repente en pirómanos y las acacias se venían cultivando desde siglos sin que se escapasen de los jardines. Algo está cambiando que tan solo los ciegos son incapaces de ver. Tendremos que adaptarnos y, para ello, empezar a pensar de una manera diferente, más pragmática. Así que si os digo que mi sueño es plantar cedros y pinsapos en la sierra de Guadarrama, por favor no me miréis como si estuviese loco. Aunque me temo que probablemente me encerrarían si realmente me atreviera a llevar a cabo esa idea.



Esta reflexión también es válida para el mundo animal, sea dicho de paso. Tal vez haya llegado hasta vuestras orejas los proyectos de erradicación del arruí emprendidos por los gobiernos regionales de Valencia y de Murcia hace unos años. No sé si habrán seguido adelante ni que resultados habrán tenido. Me supongo que letales dado la facilidad con la que los cazadores disparan sobre cualquier cosa que se mueve. Si, además, lo hacen con el beneplácito de la autoridades, está garantizada la masacre. El caso es que el arruí es una especie en vías de extinción cada vez más amenazada en su área de repartición "original" que ha encontrado en España unas condiciones de vida muy parecidas a las del norte de África. Cada vez más parecidas podríamos decir, ya que el calentamiento global favorece visiblemente a esta especie. De seguir aumentando la temperatura como lo hace, ¿ alguien se cree que seguirán correteando ciervos y cabras montesas en las sierras del S de la Península ? El arruí es claramente la especie más favorecida por el cambio climático en la Península Ibérica y su éxito es, desde un punto de vista ecológico, de una lógica aplastante. Erradicar el arruí es un auténtico sinsentido cuando se examina su presencia desde un punto de vista más amplio y teniendo en cuenta la evolución prevista de las temperaturas y de nuestros ecosistemas.

Para acabar este post, permítanme retranscribir a continuación las dos primeras estrofas de una canción a la que puso voz Mercedes Sosa y que, de repente, ha adquirido para mí un significado que probablemente no tuviese para quien la compuso...

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño...





miércoles, 20 de abril de 2016

¿ Desvelado el misterio del roble canario ?

De todas las especies del género Quercus presentes en la Península Ibérica, es sin lugar a dudas el quejigo andaluz (Quercus canariensis) la menos conocida de todas. Esto se debe, claro está, a que tiene un área de distribución muy reducida en la Penísnula Ibérica, que es un fiel reflejo de sus muy particulares exigencias ecológicas. Se trata, en efecto, de una especie termófila e higrófila, la más exigente en humedad de todas las especies del género Quercus presentes en la Península Ibérica.

- Temperaturas medias en agosto: 20 a 24ºC
- Temperaturas medias en enero: 0 a 12 ºC
- Precipitaciones: > 800 mm, con aridez veraniega limitada.
- Substrato:  suelos profundos, frescos y fértiles, desarrollados sobre terrenos silíceos.

En la Península Ibérica son pocos y muy reducidos los lugares que reúnen tales condiciones (umbrías frescas y márgenes de arroyos) pero en las montañas de gran pluviometría del N de África (Marruecos), el quejigo andaluz llega a constituir extensos bosques.


El quejigo andaluz es un árbol que en condiciones favorables puede alcanzar una altura de hasta 30 m. Un pedazo de roble que poco tiene que envidiar a sus primos norteños.

Sus hojas, subcoriáceas, son relativamente grandes (hasta 20 cm de longitud) y tienen un margen sinuado-crenado a lobulado, con un elevado número de nervios secundarios (12-15). Se suele considerar al quejijo andaluz una especie marcescente pero lo cierto es que las hojas pueden aguantar más de un ciclo estacional, tal como he podido comprobar este invierno en el Real Jardín Botánico de Madrid (ver fotografía de la izquierda, tomada a finales de enero).


El área de distribución del quejigo andaluz coincide con la de varias especies consideradas supervivientes de las laurisilvas terciarias como es el caso, por ejemplo, del ojaranzo (Rhododendron ponticum), que crece junto al quejigo andaluz en los canutos de las serranías gaditanas. Esta coincidencia no es casual, siendo igualmente el quejigo andaluz una especie relictual, que tuvo en el terciario un área de repartición mucho más extensa. Indicio de su otrora mucho más extensa área de repartición, presenta hoy en día una distribución muy fragmentada, con núcleos de población en el SO de la Península y en Cataluña, donde se encuentra muy hibridado con las demás especies de robles presentes en esa región.


Siendo el quejigo andaluz una especie con clarísimas afinidades ecológicas con especies de la laurisilva, cabe ahora hacerse la pregunta que a todos nos sugiere el nombre científico de esta especie: ¿ porqué escogió ese nombre de especie (canariensis) el autor que la describió para la ciencia ? Se suele atribuir casi unanimamente a un error de etiquetado en el herbario en el que se depositó el ejemplar en el que se basa su descripción. Existe, en efecto, un consenso casi general en considerar que esta especie nunca estuvo presente en las Islas Canarias. De hecho, resulta muy difícil explicar cómo esta especie habría podido llegar hasta las canarias, visto su modo de propagación. La mayoría de las especies de la laurisilva, en efecto, son especies que producen frutos carnosos cuyas semillas son fácilmente transportadas por las aves tras ser ingeridos los frutos. Las bellotas, en cambio, no viajan tan fácilmente...




Aún así, no cabe duda de que esta especie encontraría unas óptimas condicines de desarrollo en muchos puntos de las Islas Canarias. Por otra parte, existen en las Canarias algunos topónimos y referencias antiguas que hacen pensar en la presencia de alguna especie del género Quercus en las islas (1). Sabiendo con qué libertad se utilizaban antiguamente muchos nombres de plantas, estos indicios no convencieron a casi nadie pero he ahí que el estudio de los sedimentos de un antiguo lago en La Laguna (Tenerife) arrojó unos sorprendentes resultados (2)...




En este diagrama polínico he destacado en rosa dos géneros sorprendentes: Quercus y Carpinus, hoy en día ausentes de las Islas Canarias. Su desaparición es, por otra parte, reciente y con toda seguridad atribuible a la actividad humana. Aunque el estudio palinológico no permite atribuir ese polen a una u otra especie de Quercus, la coexistencia con el carpe me parece muy significativa. Es en efecto el carpe una especie muy exigente en humedad y lo debía ser también, por lo tanto, la especie de roble con la que convivía. Y ya sabemos, tras lo expuesto anteriormente, que existe efectivamente una especie de roble termófila e higrófila en nuestra flora. La conclusión para mí es obvia: el nombre específico canariensis que se dio a esta especie no es fruto de ningún error. Esta especie (así como el carpe) estuvo con toda probabilidad presente en las Islas Canarias hasta hace muy pocos siglos...

Sorprendente, ¿ no ?

Por cierto, es el roble canario una especie con un brillante porvenir si hemos de creer los modelos desarrollados para predecir la evolución de nuestros ecosistemas a consecuencia del calentamiento global...



Distribución potencial del quejigo andaluz (Quercus canariensis) en el horizonte 2100 (Felicísimo, Á.M.; Muñoz, J.; Villalba, C.J.; Mateo, R.G. (2010) / Impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático de la flora española. / Universidad de Extremadura, Real Jardín Botánico (CSIC), Oficina Española de Cambio Climático. / Licencia: Creative Commons).



Bibliografía

(1) Salas Pascual M & Cáceres Lorenzo M.T. (2000) / Datos históricos de la presencia de fitónimos relacionados con el género Quercus en Canarias / Vegueta, No. 5, pp. 341-347

(2) de Nascimento L. et al. (2009) / The long-term ecology of the lost forests of La Laguna, Tenerife (Canary Islands) / Journal of Biogeography, Vol. 36, pp. 499–514



Addenda

Buscando información en internet acerca de la posible presencia del quejigo andaluz en las Islas Canarias, he encontrado este interesante libro:

Letters from the Canary Islands / D.J. Browne / Boston : G. W. Light / 1834

En él, el autor describe así la vegetación del segundo piso de vegetación que reconoce en la isla de Tenerife:

The second zone commences at an elevation of about 3,000 feet above the ocean, and includes nearly all the sylvan tracts that the island affords. This region, constantly irrigated by clouds and springs, presents a scene of perpetual verdure. Lofty forests of the chesnut, the pine, the laurel, and the oak, crown the hills, intermingled with the visnea, the olea, the myrica, the sideroxylon, the arbutus, the juniperus, and a vast quantity of ferns. It is in this region that we find the golden campanula, the chrysanthema, the hyperica, and a number of aromatic plants.

Además de citar expresamente la presencia del roble (oak), en la siguiente página da una información mucho más precisa acerca de la especie de roble de la que se trata y de su ubicación:

Quercus canariensis, Montana de Tagayga.
Approximate elevation above the ocean: 4,000 feet

Pues nada, si algún día voy a Canarias, ya tengo programada una pequeña visita a esa zona. Quien sabe si no nos llevaremos una sorpresa...




Actualización 01/02/2017

La presencia de alguna especie de roble y del carpe en las Islas Canarias puede resultar algo difícil de entender si lo analizamos teniendo en cuenta la repartición actual de esas especies. Tenemos cierta tendencia a asumir que la proveniencia de las especies que pueblan las Islas Canarias es el continente europeo olvidándonos que durante buena parte del Cuaternario el norte de África y el Sáhara estuvieron cubiertos por un manto de vegetación mucho más rico y variado que lo que nos imaginamos. Más sorprendente aún resulta la composición florística de los bosques que cubrieron los principales macizos montañosos de esa zona. Estudios palinológicos llevados a cabo por equipos franceses a finales de los años 60 demostraron que las montañas del Hoggar, por ejemplo, estuvieron cubiertas por un bosque constituido por especies que hoy en día hay que ir a buscar en el E de Europa, el Cáucaso y el N de Irán: Zelkova, Ulmus, Pterocarya (cf. fraxinifolia), Platanus (cf. orientalis), Ostrya, Alnus, Corylus, Picea (cf. orientalis), Taxus baccata, Tilia (cf. rubra), Castanea, Aesculus, Juglans. Más al norte, en el valle de la Saoura, cerca de Mazzer, los análisis polínicos pusieron de manifiesto la presencia de taxones bastante similares acompañados de elementos típicamente mediterráneos: Pterocarya, Juglans, Ostrya, Platanus orientalis, Aesculus, Carpinus betulus, Carpinus cf. orientalis, Zelkova, Ulmus, Fagus, Corylus, Alnus, Tilia, Taxus, Pinus, Olea, Fraxinus, Celtis, Quercus ilex, Cupressaceae, Rhus. La presencia de una especie de roble y del carpe en las Islas Canarias parece mucho más lógica y probable teniendo en cuenta esta información.