martes, 1 de mayo de 2018

Rompiendo una lanza por el cedro, árbol autóctono olvidado



Cedros en la región de Targuist (Marruecos)


Iniciaba este blog hace ya siete años con un artículo dedicado al cedro del Atlas (El cedro, rey olvidado de nuestras montañas) que se podría publicar casi tal cual hoy en día. Lo único que cabría corregir es lo que decía acerca de su desaparición:

“No se sabe con toda certeza cuándo exactamente desapareció. Su presencia está bien documentada en toda la cuenca mediterránea durante el Mioceno. Más adelante, existen indicios de que pudo persistir en algunos refugios meridionales durante parte del Cuaternario. Se ha encontrado polen de cedro en sedimentos de ± 1 millón de años en el S de Francia y de Italia y aún más reciente en Sierra Nevada (turbera del Padúl). En este último caso, sin embargo, no está del todo clara la procedencia de los polenes analizados, que bien pudieran haber cruzado el estrecho.”

Pues bien, desde que publicara yo ese artículo se publicó un estudio que no dudaría en calificar de fundamental, dedicado a la evolución de la vegetación de la Sierra de Gredos durante el Holoceno (1). En uno de los registros sedimentarios analizados por estos autores (Cuerpo del Hombre), en efecto, el cedro aparece de manera más o menos continua aunque en bajas proporciones (5%) y desaparece junto al pino hace aproximadamente dos mil años, víctima de la deforestación sufrida por esta sierra.



Los autores del estudio afirman con razón que este registro polínico probablemente refleje la existencia local de una población relíctica de cedros. Lo afirman muy prudentemente, sin embargo, ya que existía hasta ahora un consenso casi generalizado acerca del origen eólico de los pólenes de cedro encontrados en sedimentos “recientes” (de menos de 1 millón de años). Sin embargo, creo que no se nos deben escapar dos hechos fundamentales:

1.- la cantidad de polen de cedro encontrada en este registro dista mucho de ser anecdótica. Aunque representa menos del 5% de las muestra, no hemos de perder de vista que nos encontramos en una zona en la que dominan otras especies anemófilas como son los pinos. Ya tiene que llegar mucho polen de cedro desde África para que alcance ese 5%.

2.- Relacionado directamente con el punto anterior, cabría esperar que tras viajar más de 1000 kilómetros todo ese polen estuviese presente de manera uniforme en los depósitos sedimentarios de esta región. ¿ Qué resultado arroja el análisis de los demás registros estudiados en la Sierra de Gredos ? Pues simplemente que en ellos no hay ni rastro de pólenes de cedro.

La conclusión, creo yo, es evidente e indiscutible: el cedro estuvo presente en la Península Ibérica hasta fechas muy recientes y su desaparición, al menos en la Sierra de Gredos, se debe a la deforestación llevada a cabo por el hombre. ¿ Qué significa ésto ? Muy simple: el cedro del Atlas debería ser considerado una especie autóctona en la Península Ibérica.



Grano de polen de cedro visto al microscopio electrónico / Bell, Benjamin (2018), “Cedrus pollen LM and SEM photos”, Mendeley Data, v1 http://dx.doi.org/10.17632/fvcb2mm95f.1


Habrá, claro está, quien no acepte la conclusión a la que llego. Esas personas tendrán, sin embargo, que dar una explicación alternativa creíble a los dos hechos fundamentales que explicaba anteriormente. Otros dirán que probablemente se trataría de otra especie de cedro, por aquello de encontrarle tres patas al gato. Viendo, sin embargo, como la inmensa mayoría de las especies de árboles del sur de la Península está presente a ambas orillas del estrecho de Gibraltar, parecería muy dudable la presencia de una especie diferente en la Península. Más teniendo en cuenta que la Península recibía en permanencia nubes de polen provenientes del Norte de Africa. O sea, un flujo continuo de genes que invalida por completo esa hipótesis.



Bosque de cedros del Mont-Ventoux (Francia) / Fotografía: Office de Tourisme de Bédoin


Ojalá a partir de ahora dejemos de considerar al cedro como una especie exótica que habría que eliminar de nuestros montes. Tenemos hoy, con el permiso del cambio climático, la oportunidad de reincorporar a nuestra flora un elemento tan valioso como el cedro. Aprovechémosla para incrementar la diversidad de nuestros bosques y contribuir, de esa manera, a aumentar su resiliencia. La diversidad es la clave de cara al futuro. El cambio climático será un temible enemigo si no entendemos que todo va a cambiar drásticamente en las próximas décadas. Si, en cambio, somos capaces de acompañar ese cambio y de adaptarnos a él, tal vez entonces seamos capaces de mitigar sus consecuencias. Especies como el cedro, desde ese punto de vista son una oportunidad de cara al futuro. No la desaprovechemos...



(1) Ruiz-Zapata1 M.B. et al. (2011) / Dinámica de la vegetación durante el Holoceno en la Sierra de Gredos (Sistema Central Español) / Bol. R. Soc. Esp. Hist. Nat. Sec. Geol., Vol. 105 (1-4), pp. 109-123



miércoles, 25 de abril de 2018

E pur si riscalda...

Si algo he aprendido durante los últimos meses y años que llevo interesándome por los temas relacionados con el calentamiento global y sus consecuencias es que resulta muy difícil convencer a las personas de la realidad de estos cambios y de la necesidad de actuar ya para que el calentamiento no nos pille en calzoncillos cuando se hagan sentir sus efectos más importantes. Aun siendo un cambio extremadamente rápido a escala geológica, no deja de ser difícil de percibir a escala de una vida humana. Las personas no tienen memoria más allá de lo acontecido en los últimos años y eso dificulta considerablemente la comprensión del fenómeno. Sin embargo, lo que hemos vivido hasta ahora es un simple aperitivo y creo que conviene recordar hoy lo que sabemos del calentamiento en curso. Primeramente que es bien real y que en regiones como el centro de la Península, el clima ya ha sufrido un cambio espectacular desde los tiempos preindustriales. Luego insistir en cuáles son las causas de ese calentamiento, de las que hoy en día nadie duda en el mundo científico. Y, por fin, ser conscientes de cuáles son las previsiones, elaboradas en base a complejos modelos matemáticos o, más simplemente, estudiando los climas del pasado.

1.- Patinando sobre el estanque del Retiro

Suelen decir nuestros mayores que cuando eran jóvenes los inviernos eran mucho más duros y duraderos que en la actualidad. Lo natural es pensar que están chocheando y que su memoria ya no es tan fiable como para creérselo así sin más. Hasta que un día te paras en el Rastro a mirar viejas fotografías y grabados y te encuentras con cosas como éstas:





El estanque del Palacio de Cristal el 17 de enero de 1914.

¿ Tanto ha cambiado el clima en Madrid como para que hoy en día pueda yo mantener la inmensa mayoría de mis cactus sobre la terraza durante todo el invierno sin tener que lamentar prácticamente ninguna pérdida ? La respuesta, una vez más, la encontramos en el Parque del Retiro, donde las temperaturas se miden de un modo regular desde finales del siglo XIX. Lo que nos muestra la evolución de la temperatura media anual en el parque del Retiro es que esa evolución no ha sido regular. Tras un primer período de relativa estabilidad, las temperaturas empezaron a subir poco a poco de principios del siglo XX hasta 1960. En la década de los 60, la temperatura media retrocedió ligeramente (sobre todo muy evidente en la serie del Puerto de Navacerrada) pero a partir de 1970 el calentamiento se aceleró considerablemente, aumentando la temperatura media más de dos grados desde entonces. Ni que decir que llevamos ya más de 5 décadas sin ver los estanques del Retiro helarse por completo...



Evolución de la temperatura media anual en la estación del Retiro de Madrid (curva roja) y del Puerto de Navacerrada (curva azul) según datos públicos de la AEMET.

En el mismo gráfico he reportado también la evolución de la temperatura media en la estación del Puerto de Navacerrada (curva azul). Como se puede ver, ambas curvas muestran la misma tendencia, quedando pues descartada la idea de que el aumento de la temperatura en Madrid pudiera deberse a un eventual “efecto isla” producido por la ciudad. Esta tendencia es similar en todo el centro de la Península. Si nos fijamos ahora en el valor de ese aumento, nos daremos cuenta que la temperatura media en Madrid ha subido, desde tiempos preinductriales, aproximadamente 2,7 grados. Es una subida considerable si la comparamos con el aumento global del planeta (0,8ºC): la temperatura en Madrid sube más del triple que a nivel global ! Así que os dejo calcular. Imaginad que la temperatura global suba esos 2 grados que la comunidad internacional se ha fijado como límite… ¿ Cuánto habrá subido la temperatura en Madrid ? Pues la friolera de 6 a 7 grados… Para haceros una idea, esto significa una subida de los pisos de vegetación de más de 1000 metros. En el Sistema Central, por ejemplo, esto supondría un cambio radical:




2.- De cómo las selvas del carbonífero están cambiando nuestro clima

¿ Qué fenómenos físicos son capaces de explicar el sostenido aumento de las temperaturas que observamos desde hace varias décadas ? Básicamente, la temperatura que hace en la superficie de la tierra se debe al equilibrio existente entre la energía que la atmósfera recibe del sol y la energía que esa misma atmósfera es capaz de retener. O sea, que no se pierde en el espacio. La composición química de la atmósfera es la que determina qué cantidad de calor es capaz de retener. Los gases que la componen, en efecto, retienen parte de la radiación que de otra manera se perdería en el espacio. Se llama “efecto invernadero” a ese fenómeno sin el cual no habría vida sobre la tierra. Algunos gases, como el CO2 y el metano, tienen un altísimo poder de retención del calor. Aunque su concentración en la atmósfera no es importante, desempeñan sin embargo un papel importantísimo en la regulación de la temperatura de la atmósfera. Tal como han demostrado los estudios de los gases retenidos en los hielos polares, la cantidad de CO2 y la temperatura media global de la atmósfera siempre han ido de la mano. O sea, que si sube la cantidad de CO2 en la atmósfera, aumenta el poder de retención del calor de la atmósfera. La relación es prácticamente matemática. Cosa que no es de extrañar, sea dicho de paso, puesto que es una consecuencia demostrada de la física de la atmósfera.



Pues bien, sabiendo que durante buena parte del siglo XIX y todo el siglo XX hemos estado quemando buena parte del carbono acumulado en los sedimentos de la tierra durante ciento de millones de años, ¿ se esperaba alguien otra cosa que lo que está ocurriendo ? El aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera es una consecuencia directa del consumo de hidrocarburos fósiles durante los últimos 150 años y la subida de la temperatura es una consecuencia lógica de ello. Todo el carbono secuestrado por las plantas desde el Carbonífero y almacenado en las entrañas de la tierra se está liberando de golpe en la atmósfera en apenas un par de siglos. Quienes afirman que esto no tiene consecuencias son, lisa y llanamente, unos mentirosos que ignoran hasta las leyes más elementales de la física.


3.- ¿ De vuelta al Plioceno ?

El año pasado la concentración de CO2 en la atmósfera franqueó la barrera de los 400 ppm. Dicho así pudiera parecer que la cifra no significa gran cosa. Para entender las implicaciones que tiene esto, es preciso insistir en un hecho crucial: no se alcanzaba tal nivel de CO2 en la atmósfera desde el Plioceno. A muchas personas, esto les parecerá anecdótico. Sin embargo, tal como se puede ver en la curva que copio a continuación, la temperatura media global en el Plioceno superaba en bastante más de dos grados la temperatura media global actual. Sabiendo que existe una estrecha relación entre la concentración de CO2 en la atmósfera y la temperatura media global, esto nos lleva a una conclusión inquietante: de seguir igual la concentración de CO2 en la atmósfera (no digamos ya nada si sigue subiendo), la temperatura media global debería seguir subiendo hasta alcanzar el valor que tenía en el Plioceno. O sea, que ahora mismo la temperatura no se ha equilibrado con respecto al nivel de CO2 de la atmósfera...



Pues nada, aunque imagino que tras leer este artículo, una mayoría de personas se habrá quedado tan pancha, me permito acabar este artículo dándoos unos cuantos consejos políticamente incorrectos de cara al futuro:

1.- Si vas a comprar una casa en la costa, no lo hagas en primera línea de costa o en zonas situadas a menos de 5 metros de altitud. De ser ciertas las predicciones de los científicos más pesimistas, tu casita (inversión) acabará siendo engullida por el mar.

2.- Si vas a repoblar alguna colina en el pueblo de tu infancia, no sigas al pie de la letra el consejo que te darán los ecologistas más acerrimos: además de recoger semillas de árboles del lugar, planta también semillas de árboles provenientes de hasta 1000 km más al sur y de hasta 1000 m por debajo que el lugar en el que piensas plantar tus arbolitos.

3.- No arranques sistemáticamente todas las plantas exóticas que veas. La mayoría de ellas han venido para quedarse. Los paisajes del futuro no se parecerán en nada a los que conociste cuando eras niño...

4.- La sequía que asola el SE de la Península puede parecer excepcional hoy en día pero será la norma en el futuro. Un auténtico desierto está a punto de desarrollarse en el SE de la Península Ibérica y algunos se obstinan en erradicar una especie como el arrui, prefiriendo ver bisontes y cabras montesas en lugares en los que estarían más a gusto las gazelas y los camellos...