viernes, 9 de febrero de 2018

La hibridación, coctelera de nuevas especies

Hace unas semanas explicaba en un post de mi página de Facebook que en Escocía había nacido una nueva especie del género Mimulus, con la idea de hacer entender que la hibridaciōn es, en realidad, un potente motor de la evolución de los seres vivos. Muchas especies actuales son fruto de antiguos episodios de hibridación. Gracias a la genética, sabemos por ejemplo que el bisonte europeo es en parte híbrido del uro y del bisonte de estepa, especie pleistocénica hoy en día desaparecida. También sabemos, gracias a esas técnicas, que el gorrión italiano es un híbrido del gorrión común, traído a Italia por los primeros cultivadores neolíticos, con el gorrión moruno. Este mecanismo de especiación es, en realidad, mucho más frecuente de lo que podríamos imaginar y es, además, muy rápido. Una especie puede aparecer y asentarse en un lugar en muy pocas generaciones, tal como han podido comprobar los científicos en las Islas Galápagos, donde han podido observar, casi en directo, la aparición de una nueva especie (A New Bird Species Has Evolved on Galapagos And Scientists Watched It Happen). Me olvidaba, al escribir ese post, que tenemos en España un ejemplo muy ilustrativo de como la hibridación permite el nacimiento de especies capaces de adaptarse a condiciones ecológicas muy diferentes de las de sus progenitores.


El uro no ha desaparecido: el bisonte europeo tiene un 10% de genes de uro


El híbrido al que me refiero es un pequeño arbusto resultado del cruce de las dos especies de robles que crecen en la región atlántica de la Península: el roble albar (Quercus petraea) y el roble pedunculado (Quercus robur). El híbrido entre esas especies se ha denominado Quercus x rosea y aparece espontáneamente allá donde conviven ambas especies, cosa que habrá ocurrido miles de veces en la larga historia de estas dos especies. Por lo general, estos híbridos se acaban cruzando de nuevo con alguno de sus progenitores y se acaban desdibujando los caracteres del híbrido. Tales episodios de hibridación y de retro-hibridación contribuyen a que los genes viajen de una especie a otra en un fenómeno que se ha llamado “introgresión”, mucho más común de lo que solemos pensar. El descubrimiento de genes neandertales en nuestro propio genoma es un claro ejemplo de ello...


Un ejemplar de roble orocantábrico en su hábitat natural


Pero algo inesperado ocurrió en el caso del roble “orocantábrico”. El cruce entre los dos robles más “nobles” de nuestra flora dio como resultado un arbusto que cualquier jardinero hubiese calificado desdeñósamente de “raquítico” y eliminado sin pensárselo ni un minuto. Pero ese híbrido resultó ser muy resistente y particularmente bien adaptado a las condiciones de la alta montaña, donde prospera hoy en día entre 1665 y 2000 metros de altitud, en el límite del bosque, en zonas en las que sus progenitores no llegarían a sobrevivir. Es muy probable que el cruce entre esas dos especies ocurriera en zonas mucho más bajas y que luego el azar de los cambios climáticos del Cuaternario permitieran a esta especie asentarse en las zonas que ocupa hoy en día, algunas muy alejadas de las poblaciones de roble albar y pedunculado.


Hoja del roble orocantábrico (Jardín Botánico de Gijón) / Paseos por la naturaleza


El azar de un cruce y las circunstancias climáticas permitieron pues que esas poblaciones híbridas se “independizaran” por completo de sus progenitores. Como bien dijimos, a la naturaleza no le importó que el resultado de ese cruce fuese un arbusto o pequeño árbol que nada tenía que ver con sus progenitores. El azar quiso que tuviera éxito y hoy en día es simplemente otra especie más del género Quercus en la Península Ibérica. No hay fronteras en la naturaleza y no existe esa pureza que los naturalistas pretendemos defender al luchar contra las especies invasoras. Al hacerlo y al evitar cualquier tipo de “contaminación”, puede en realidad que estemos impidiendo que nazcan las especies del futuro. La evolución debe mucho al azar y al mover especies con tanta facilidad de un lado para otro, lo que ha hecho el hombre es aumentar las posibilidades de que encuentros imprevistos ocurran, que sin la intervención humana hubiesen sido imposibles. Muchas especies aparecerán en el futuro a consecuencia de ello. Algunas desaparecerán pero otras podrían tener éxito y convertirse en especies comunes en el futuro. ¿ Tiene algún sentido querer evitarlo a toda costa ?


El gorrión italiano es un híbrido del gorrión común y del gorrión moruno


sábado, 25 de noviembre de 2017

¿ Marsupiales en Europa ?

Hace un un año recorría las redes una noticia falsa difundida por un grupo ecologista en protesta contra el monocultivo de eucaliptos en Galicia: se habían avistado koalas en un bosque de Galicia...




Aunque esa noticia era una simple broma y pueda parecer irrealista la supervivencia de los koalas en nuestro país, tal vez muchos ignoréis que, si bien no hay koalas en Europa, sí que existen en varios lugares pequeñas poblaciones ferales de un marsupial que probablemente habréis visto en algún zoo: el Ualabí de cuello rojo.




Ualabís de cuello rojo en el bosque de Rambouillet (Francia) / F. Moutou - SFEPM

El Ualabí de cuello rojo (Macropus rufogriseus) es un pequeño canguro originario del SE de Australia y de Tasmania muy popular en los zoos y parques de animales europeos. Las poblaciones ferales se han originado todas a partir de individuos escapados de tales parques. Aunque la especie sea exótica, no puede sin embargo considerarse invasora, al no haberse expandido sus poblaciones mucho más allá de las zonas en las que se establecieron. Algunas de ellas han desaparecido por completo al cabo de un tiempo. Sería más bien lo que los botánicos llaman una especie “efímera”. La principal dificultad a la que se enfrenta esta especie en Europa es el frío. Los inviernos duros provocan una alta mortandad. Es obvio que el cambio climático le viene bien.




La mayoría de las poblaciones existentes en Europa están asentadas en Inglaterra. La única población continental vive en el bosque de Rambouillet Francia), donde tiene una presencia muy discreta. Esa población se originó por el escape de un zoo de unos 20 a 25 individuos a principios de los años 70. Que esa población siga presente casi medio siglo más tarde (la esperanza de vida del Ualabí es de unos 9 años) parece indicar que esa población logró adaptarse al medio natural. Su hábitat en esta región es el bosque, las zonas arbustivas y los brezales.

¿ Curioso, no ? La pregunta, evidente, que muchos se harán es obvia: ¿ hemos de permitir que esos canguros se establezcan ? De hecho, llevan décadas establecidos en esos lugares y no han demostrado ser una especie problemática hasta la fecha. ¿ Entonces ? Me temo que llegados a este punto, cada cual tendrá su propia opinión. El caso es que funcionalmente no perjudican al ecossistema. De hecho, es una especie tan discreta que poco se sabe de sus costumbres. Lo que está claro es que cuanto más tiempo pase, mejor estarán adaptados estos animales al medio en el que viven, hasta llegar a estar plenamente integrados en él. ¿ Cuando pasa a considerarse una especie integrante de pleno derecho de un ecosistema ? Tal vez, en realidad, las especies siempre estén luchando por integrarse en un mundo en el que las cosas nunca paran de cambiar...